Nuestra fé en empresas de tecnología

Varias, noticias, anunciaron, que Spotify patentó una tecnología para analizar nuestra voz y el sonido ambiente. Es decir una tecnología para escucharnos. Para escuchar nuestras conversaciones y donde estamos. Según las notas, esta tecnología permitiría recomendarnos mejores canciones. Pero… ¿qué tan sesgado puede estar uno para disfrazar una violación a la privacidad como un ‘feature’ que debamos aclamar por su innovación? ¿Tan bajo hemos caído que no vemos lo problemático de este escenario? Tristemente eso es lo que parece.

¿No sabés que música escuchar? No te preocupés. Sólo dejanos escuchar tu celular. En todo momento. De todas las conversaciones que tenés. Y de cómo se escucha donde sea que estés. Sólo así nuestro algoritmo (el cual aprende por si sólo y no sabemos exactamente cómo funciona) podrá recomendarte esa canción que necesitas para subirte el ánimo, para enfiestarte, para dormir o para cocinar. Ya no te tenés que preocupar más por escoger música. Con nuestra tecnología, nosotros grabaremos todo lo que suene, haremos un perfil de quién sos, tendremos registro de tus conversaciones y ¡hasta predeciremos tu estado de ánimo! — ¡Agh! Violentar nuestra privacidad con narrativas de libertad. Qué irónico ¿no?

Esto me entristece en muchos niveles. Primero que nada, que Spotify haya patentado esta tecnología. Que pensemos que esto puede ser un ‘feature’ y no un ataque a nuestra privacidad. Y por último, que si realmente lo van hacer, tendré que eliminar mi cuenta y honestamente no estoy listo para esa idea. Soy usuario desde el 2014 y lo uso a diario. Sin exagerar, creo que es una de las aplicaciones que más uso en mi día a día.

Costo vs Beneficio

¿Hasta qué punto estamos dispuestos a dar nuestra información por ‘features’? Y… no cualquier información. Estamos hablando al acceso a nuestro micrófono. Y no cualquier ‘cómo’. Sino que perfilando nuestras emociones. Y… para un ‘para qué’ tan patético: recomendarnos una canción. Y… por un ‘por qué’ tan banal: “porque podemos”. ¿O cuál es la razón detrás de una tecnología así?

Veo tantos problemas. Primero, ¿cómo podemos asegurarnos que un algoritmo determine nuestras emociones? ¿O el ‘mood’ que queremos estar? Y una vez que tengan esos datos, todos sesgados sobre mí, ¿cómo van usar esa información? ¿qué experimentos van hacer con mis ‘emociones’? ¿Sólo van usar mis audios para recomendarme canciones? ¿Qué objetivos de negocio tienen? ¿Por qué deberíamos confiar nuestros estados emocionales a una empresa? ¿Realmente necesitamos un servicio de música tan invasivo?

Excepción o patrón

Esta es una práctica de la industria. Spotify no es la única empresa que nos invade para ofrecernos ‘mejores servicios’. Gmail, Facebook, Instagram, WhatsApp, Google, etc. etc. todos quieren nuestros datos. Pero ¿para qué? ¿vale la pena esta hipervigilancia comercial?. Y es que, todos los servicios que he mencionado, ni son transparentes. No tenemos acceso a sus códigos y algoritmos. Y no porque publiquen en un comunicado de prensa o en sus términos y condiciones que no van a hacer o usar nuestra información de cierta forma debemos creerles. Digo o sino la pregunta es valida: ¿por qué deberíamos creerles?

Elegir: una ilusión

La idea que podemos simplemente dejar de usar el servicio sino nos gustan las condiciones, es más una ilusión que realidad. Spotify se ha convertido en un espacio donde miles de artistas suben contenido, y algunes sólo lo tienen en esa plataforma. O quizás sí, pero incompleta. Estas empresas se han convertido en gigantes que se dan el lujo de hacer lo que quieran porque nos quedamos dormidos y ahora dependemos de elles de una u otra forma.

Dejemos ésta fé.

Nos está sesgando. Hablemos de estos temas. Recuperemos poco a poco nuestra privacidad. Si vivimos en una época donde confiamos nuestra privacidad a corporaciones sin siquiera pensarlo: ¿qué nos depara el futuro? No podemos dejar que las empresas nos vigilen a este nivel.

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